Vale, lo confieso. Alguna vez he fantaseado con eso de meterme en una cápsula y que me congelen hasta que la humanidad invente la cura para el resfriado común (o para la muerte, total, por pedir) y despertar en un mundo de aerodeslizadores y café instantáneo perfecto. La criogenización es uno de esos temas que la ciencia ficción nos ha vendido como un billete de primera clase al futuro. Pero, ¿qué hay de cierto? ¿Es físicamente posible? ¿Hay alguien ahora mismo en una nevera? Y, ya puestos, ¿podríamos usarlo para viajar a las estrellas sin aburrirnos por el camino? Abróchense los cinturones, que vamos a descongelar algunas respuestas. Y también algo de pollo.¿En qué consiste eso de la criogenización? Primero, aclaremos términos. Cuando hablamos de criogenización en serio, los científicos prefieren decir criopreservación. No es lo mismo que congelar un filete. La gracia no es convertir a una persona en un bloque de hielo con patas, porque el agua de las células, al congelarse, forma cristales afilados como cuchillas que destrozan las membranas celulares. Sería como intentar revivir un cristal roto después de haberlo pisoteado. Así que el truco está en sustituir la sangre y los fluidos por una especie de anticongelante crioprotector (glicerol, dimetilsulfóxido… nombres que asustan) y enfriar el cuerpo a temperaturas de -196 grados centígrados usando nitrógeno líquido. En ese estado, toda actividad química se reduce a casi cero. No hay envejecimiento, no hay muerte celular… en teoría. El problema gordo: la física se pone tonta Aquí viene el mazazo. Hoy por hoy, la física dice: "Lo siento, campeón, pero revivir a alguien criopreservado es tan factible como desfreir un huevo". El proceso de vitrificación (evitar los cristales de hielo) funciona bastante bien en embriones, óvulos o pequeños trozos de tejido. Pero en un cerebro humano, con sus billones de conexiones sinápticas ultrafinas, el daño estructural es inevitable. Aunque evites los cristales grandes, se forman microfisuras. Además, los propios crioprotectores son tóxicos en ciertas concentraciones. Conseguiríamos algo así como salvar un móvil de una piscina sumergiéndolo en ácido sulfúrico: sí, no se moja, pero tampoco funciona. Y luego está el gran escollo: el proceso inverso. Sabemos enfriar, pero calentar de manera homogénea un cuerpo sin que se agriete o se colapse es algo que ningún horno microondas del mundo puede hacer. Por no hablar de reparar el daño celular. Así que, desde la física más pura, hoy por hoy, la criopreservación humana es irreversible con la tecnología actual. ¿Hay estudios serios o es todo ciencia-ficción? Sí, existen estudios de viabilidad, y no todos son de frikis con bata blanca. Institutos como el Cryobiology Research Institute o el 21st Century Medicine han logrado vitrificar y recuperar con éxito un riñón de conejo (funcionaba parcialmente) y hasta cerebros de mamíferos con preservación de la estructura neuronal. En 2015, un equipo logró vitrificar y recalentar un cerebro de conejo con las sinapsis prácticamente intactas. El titular fue "Cerebro congelado sin daños visibles". Pero que no te engañen: "sin daños visibles al microscopio" no significa que el conejo volviera a saltar. Estamos hablando de tejido, no de consciencia. También hay estudios con gusanos y larvas de mosquito que sobreviven a la congelación. Pero los humanos somos más grandes, complejos y exigentes. No nos vale con mover una patita al descongelarnos, queremos seguir siendo nosotros, con nuestros recuerdos y nuestra manía de poner el rollo de papel higiénico al revés (Sí, hay una manera correcta de hacerlo, busca la patente si no me crees). |
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